Dos sectores de lo audiovisual viven hoy en día una ‘edad de oro’ sin precedentes y sin discusión.

Por un lado, las series de televisión se encuentran en un zenit que parece no tener fin. Cada año, las grandes factorías de ficciones televisivas, como las estadounidenses HBO y AMC, producen enormes éxitos en número de espectadores, crítica e impacto social, y los premios Emmy escalan posiciones en pos de los mundialmente conocidos Oscar.

En segundo lugar, nos referimos a las grandes producciones de animación. Un género que ha evolucionado de un entretenimiento infantil, hasta producir algunas de las películas más vistas y mejor valoradas cada año, (casi) siempre de la mano de Pixar.

En este clima en el que la televisión y la animación adquieren un papel protagonista, no es de extrañar el crecimiento del anime, término que identifica a la animación de procedencia japonesa. Títulos como ‘Ataque a los titanes’ o ‘Sword art online‘ han transcendido al público habitual y se han convertido en fenómenos mucho más grandes, cosechando excelentes resultados.

El último fenómeno del sector en cuestión es el que da título al artículo: Erased. Título occidental para la obra de misterio publicada en forma de manga: ‘Boku Dake ga Inai Machi‘, que narra la historia de Satoru Fujinuma, un joven de 29 años que se verá envuelto en la persecución de un secuestrador tras sufrir una extraña regresión.

La serie se aleja de los convencionalismos de este género, presentando a un protagonista vulnerable e inseguro, distante de los héroes que encabezan las grandes producciones del manga, y centrándose en los personajes más allá de la historia, pero sin nunca perderla de vista. Además, deja poco lugar al erotismo tan característico de estas obras, así como al romance clásico.

Sin entrar en detalles de argumento y sin hacer spoilers, podemos adelantar que la historia engancha, y mucho. Una vez pulsas el play, estás perdido, y pocas cosas podrán hacerte levantar del sillón. Si añadimos a la ecuación una calidad de animación sobresaliente y un desarrollo conciso y sin florituras de los hechos, obtenemos una breve temporada de 12 capítulos que roza la perfección en su especie. Y, tratándose de una época de esplendor como se ha comentado, es mucho decir.

Desde Liberty Island, recomendamos esta serie a cualquier amante de las buenas historias, sea o no aficionado a la animación, pues puede ser un empujón magnífico para adentrarse en este mundo. No os arrepentiréis.

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