‘I once had a girl,
or should i say,
she once had me.’

Con esta estrofa comienza el clásico de The Beatles, ‘Norwegian Wood‘, tema que da su nombre a la novela original escrita por Haruki Murakami en 1987, traducida en nuestro país como ‘Tokyo Blues‘. Y esas tres simples lineas sirven como una concisa introducción a la historia de amor que actúa como eje central de la obra.

Sin entrar en detalles sobre el argumento, pues el motivo de este texto es la recomendación y no la reseña bibliográfica, la novela narra la vida de un joven estudiante japonés llamado Toru Watanabe, quien se encuentra sumido en un triángulo amoroso, cuyos restantes vértices son, por un lado, Naoko, una sensible y frágil joven castigada por la tragedia y Kizuki, pareja de Naoko , el cual se suicida a la tierna edad de 17 años. En este punto da comienzo la historia.

El título de esta entrada hace referencia a la capacidad de esta novela de ser la puerta de entrada al universo de Murakami, pues además de su intensidad y calidad narrativa, expone a lo largo de sus páginas la mayoría de los sellos personales de este autor. Siendo claros, si te enamoras de ‘Tokyo Blues‘, las posibilidades de hacerlo también del escritor japonés son muy elevadas.

Se nos presenta en primer lugar a un joven estudiante, frío y reflexivo, cuya mentalidad dista mucho de la del resto. Toru no forma parte de los círculos sociales de su universidad, ni de las protestas en las que están involucrados el resto de estudiantes. Amante del jazz y de ‘El gran Gatsby’, su personalidad queda reflejada fielmente en una de las primeras frases que pronuncia: ‘Recién llegado a Tokyo, al comenzar una nueva vida en la residencia, tenía un único propósito: tratar de no tomarme las cosas a pecho, mantener la debida distancia con el mundo. Nada más.’  

En cuanto a Naoko, la otra pieza clave de esta historia, se nos muestra como una chica frágil e insegura, al borde del colapso emocional y que no es capaz de superar la tragedia que asoló su juventud. Junto a Toru, crea un lazo sentimental poco habitual, que sume al lector en una situación de incomodidad y desconcierto. Esto se suma a la capacidad de Murakami de convertir las escenas sexuales en sucesos angustiosos y fríos como el hielo.

La joven Naoko es solo una de los tres personajes femeninos que tienen un papel destacado en la novela. Ella, bella e inocente, pero asolada por el dolor, simboliza la adolescencia y la inseguridad de esta etapa, la incapacidad de superar la pérdida y la dificultad para manejar un gran torrente de sentimientos. Por otro lado se nos presenta a Midori, quien tiene una breve relación con el protagonista, y que simboliza el tránsito hacia la edad adulta, siendo una mujer decidida y liberada, con una personalidad estable y emprendedora, y es sin duda el personaje más normal y cabal. De hecho su personalidad llega a hacerse extraña por su capacidad de afrontar la vida con positividad. Por último aparece Reiko, un reflejo de la edad adulta camino de la vejez, quien asume sus errores y acepta la desgracia como una parte más de la propia vida.

Para terminar con los puntos clave del estilo de Murakami, se hacen continuas referencias al mundo del jazz y el blues, a la novela de culto, y a las leyendas de la cultura y mitología japonesa, dando como resultado una obra de fácil lectura que recoge todo lo bueno (y de forma inevitable, todo lo malo) del autor.

Para aquellos que se animen con el libro en cuestión, y queden tan satisfechos e impresionados como yo, mi recomendación como siguiente paso es ‘Al sur de la frontera, al oeste del Sol‘, del cual habrá tiempo para hablar.

Dōmo arigatō.

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