Somos pura soberbia. Tendemos a creer que controlamos todo. Que en nuestro universo personal nada escapa de nuestro alcance y estamos preparados ante cualquier ruptura de nuestros esquemas. Tenemos un plan ante cualquier contingencia.

Me entra la risa al recordarlo mientras reconozco mi error, pensando que mi mundo del tamaño de una nuez estaba bien sujeto en mi puño cerrado, y que debía conformarme con eso. ¿Quién podría, por otro lado, imaginar semejante explosión?

Todo lo que pensaba sobre la vida cambió de un plumazo.

Empiezo.

Hay pasiones que queman hasta la tierra. La calcinan y la destrozan. Cada paso hacia el encuentro levanta muros de fuego. Cualquiera los puede ver. Es imposible ignorar algo así, y a la vez es muy difícil entender cómo es posible que todo estuviese contenido y silencioso, como una tonelada de nitroglicerina que solo te necesitaba a ti para reventar mis cimientos, y poder construirme de nuevo.

Solo una mirada hizo falta. Qué fácil resultaba hundirse en esos ojos, entrar en trance y olvidar el ruido. Efecto túnel. Nada más importaba alrededor. A veces, necesitamos siglos para asumir una realidad a regañadientes, pero en otras ocasiones una décima de segundo basta para establecer un dogma. Solo una mirada…Y explotó.

Desde entonces, como una enredadera, se fue agarrando y extendiendo en mis entrañas esa pasión incontenible, esa verdad innegable, esa necesidad más vital que respirar. No hay nada comparable. Y viola cualquier lógica. Hay sentimientos que no nacen de nuestra corteza cerebral, no hay otra explicación, porque los siento nacer y vivir en mi pecho, en mi estómago, en cada poro de mi piel. Arden, palpitan, muerden y agarran con violencia cada órgano. Me acarician la piel cuando estás cerca, me presionan la garganta cuando sonríes privándome de aliento y de la capacidad de hablar, me agarran con saña el corazón y el estómago cada vez que estás lejos.

Estoy seguro de que solo hay algo, o alguien, para cada uno de nosotros que pueda desencadenar algo así. Nuestro tiempo y espacio son limitados, hay que tener suerte para dar con ello. Y yo, desde luego, la he tenido. Lo que ahora siento dentro es la prueba inequívoca de ello.

Transciende lo humano hacia lo espiritual. La unión de dos almas en una. Sentir dolor, alegría, miedo, rabia, felicidad…todo, cuando esa mitad de tu alma en otro cuerpo lo siente. Hay genios que se vuelven locos tratando de demostrar el entrelazamiento cuántico, sin saber que desde hace 1266 días se lleva confirmando en nuestros cuerpos. Que río si tú ríes, lloro si tú lloras…muero si tú mueres. Dime qué hay más real que eso.

Porque un día nos cruzamos y cambió en rumbo del mundo. Y así se mantendrá hasta que yo deje de ser parte de ti para serlo de la tierra. Y eso es otra verdad inamovible. Nada puede compararse con este sentimiento, tan racional como una operación matemática y tan animal que me hace sentir el rey de esta selva.

Gracias por convertir mis ascuas en un fuego inextinguible.

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